martes, 21 de octubre de 2008

Somos Novios


Somos novios
Pues los dos sentimos mutuo amor profundo
Y con eso ya ganamos lo más grande
De este mundo
Nos amamos, nos besamos
Como novios
Nos deseamos y hasta a veces sin motivo y
Sin razón, nos enojamos
Somos novios
Mantenemos un cariño limpio y puro
Como todos
Procuramos el momento más obscuro
Para hablarnos
Para darnos el más dulce de los besos
Recordar de que color son los cerezos
Sin hacer mas comentarios, somos novios

jueves, 16 de octubre de 2008

"No sé tu"


No se tu
Pero yo no dejo de pensar
Ni un minuto me logro despojar
De tus besos, tus abrazos,
De lo bien que la pasamos la otra vez
No se tu
Pero yo quisiera repetir
El cansancio que mi hiciste sentir
Con la noche que me diste
Y el momento que con besos construiste
No se tu
Pero yo te he comenzado a extranar
En mi almohada no te dejo de pensar
Con las gentes, mis amigos,
En las calles, sin testigos
No se tuPero yo te busco en cada amanecer
Mis deseos no los puedo contener
En las noches cuando duermo
Si de insomnio, yo me enfermo
Me haces falta, mucha falta
No se tu

sábado, 11 de octubre de 2008

Natalia y el cerdito azul


Todo cambió aquellas navidades en que Natalia se levantó, como siempre y al ir al arbolito halló, como tantos años, únicamente unos calcetines de lana como regalo de reyes. Entristecida se conformó cuando vio que sus padres no tenían ningún regalo para ellos. Entonces su papá le dijo:
-¡Vamos al corral para ver si la cerdita ya ha tenido su cría!
Cuando Natalia vio el cerdito, comprendió que ese era su verdadero regalo, pues se trataba, nada más ni nada menos, ¡que de un cerdito color azul!, ¡era una preciosidad!, en seguida lo tomó entre sus brazos y pidió por favor quedarse para siempre con él y no venderlo, y mucho menos engordarlo para sacrificarlo después. Sus padres al ver la cara de felicidad de su pequeña, prometieron hacer lo imposible para que el cerdito permaneciera entre ellos sin ser sacrificado.No tardó mucho en cundir la noticia entre los lugareños, que curiosos se acercaban a casa de Pedro y Claudia, que así se llamaban los padres de Natalia, para comprobar por ellos mismos lo inverosímil de aquel acontecimiento.Cuando los niños regresaron al colegio después de las vacaciones, la profesora Margarita pidió a todos una redacción en la que contaran lo que habían hecho en las fiestas de navidad.
Al día siguiente, las hermanas Caballero, que vivían en la casa más grande de la plaza, junto a la iglesia, dieron todo lujo de detalles, describiendo los regalos que los reyes de oriente habían dejado en su casa, mirando de reojo, las caras de envidia del resto de la clase.
Lo mismo sucedió cuando le tocó leer la redacción a Julia, la pecosa pelirroja, envidiada por todas las niñas por lucir los vestidos más impresionantes y variados que jamás habían visto, pues tenía la suerte de que Teresa, su madre, era una extraordinaria modista. Su padre era el más rico ganadero de toda la región. Era éste un hombre sobrio, regordete y colorado y con un humor de perros. No así su madre que era una mujer dulce y educada con todo el mundo, pero dominada por el exasperado genio de su marido. ¡Qué lástima! que Julia heredara sólo la belleza de su madre y la petulancia y modales del padre.
Y así uno tras otro, fueron contando los modestos regalos que habían tenido el mágico día de reyes: a Pablo, el cano, llamado así por su rubio cabello del color del trigo maduro, le habían regalado una granja con pequeños animales y un formidable cómic, que ya tenía lista de espera para ser leído por todos los demás niños. A Paula, le habían regalado la muñeca de trapo que llevaba años pidiendo y que ¡por fin! se acordaron de traerle. A Jorge, un estuche de colores, un lápiz, sacapuntas y una goma perfumada. A Ismael, un tirachinas, que no agradó a la profesora, pues decía repetidas veces, que los objetos que pueden producir daño, no se podían considerar juguetes... Y conociendo al travieso y cruel de Ismael, todos adivinaban que los pobres pajarillos iban a ser el blanco de su temido tirachinas…
A Maribel, única amiga de Natalia, le trajeron un columpio que su padre colocó entre los dos árboles que había frente a su casa.
Pero nadie imaginaba el increíble regalo que Baltasar, pues este era el rey favorito de Natalia, había dejado para ella…
Natalia, subió tímida la tarima donde la profesora tenía su mesa y miró hacia el suelo para comprobar que sus calcetines no estaban caídos y que los zapatos estaban perfectamente limpios, echó hacia un lado el flequillo que su madre tantas veces cortaba cuando su tamaño alcanzaba a las pestañas. Observó con pudor el dobladillo descosido del vestido, que lograba alargar un poco más la prenda que heredaba de su prima Elisa, cuando a ésta le estaba pequeña… Y comenzó su relato diciendo:
“ Sé que todos los niños esperamos en el día de reyes encontrar el árbol lleno de juguetes y regalos para toda la familia. Y que no siempre tenemos lo que habíamos deseado; debe ser porque, en una sola noche, hay que repartir ¡tantos sueños entre tantos hogares!, de todos los países y rincones..., que por muy magos que sean, deben volverse locos, dejando en algunas casas muchos regalos. Y en otras creen que ya ha pasado su compañero y apenas dejan un detalle. No sé incluso si se dará el caso de no dejar nada en algún lugar…
En mi casa, aunque frecuentemente se olvidan de mis padres, a mí siempre me dejaron alguna prenda de vestir, algún cuento o algún bloc de dibujo. Pero este año, ha sido el mejor de mi vida, pues sin haberlo pedido, el rey Baltasar que es al que siempre me dirijo en mis cartas, además de unos calcetines me ha regalado una mascota, pues la cerdita que estaba esperando cría; ha tenido un cerdito color azul. Y ése es mi verdadero regalo".
Todos los niños al escuchar lo que acababa de decir Natalia soltaron una carcajada y empezó un murmullo de burlas y miradas de incredulidad y malicia. Fue entonces cuando Maribel, que además de ser amiga de Natalia era la que vivía más cerca, alzando la voz todo lo que le fue posible, aseguró que era cierto y que ella había visto al cerdito azulado.
La profesora, sorprendida interrumpió diciendo: "Todos sabemos que los cerditos son de color rosado, grises o negros, pero nunca oí hablar de ningún cerdito color azul. No obstante, no tengo por qué dudar de la palabra de Natalia y Maribel. No al menos hasta que comprobemos si ellas tienen razón o no. Así pues, aunque nunca fue norma traer los juguetes ni regalos de reyes a clase, el próximo lunes, si le parece bien a Natalia y su padre le da permiso; podrá demostrarnos a todos su increíble mascota". Fue muy difícil aquel día mantener la atención de los niños hasta terminar la clase, pues todos estaban muy exaltados y no podían dejar de pensar en el cerdito de Natalia.
Al llegar a casa, Natalia contó todo lo sucedido en la clase a sus padres y les pidió llevar a kiko, pues así fue como se le ocurrió llamarlo, al colegio para mostrarles su precioso color azul a la profesora y a sus compañeros. El padre pensó en todos los inconvenientes y después de reflexionar le prometió llevar él mismo al cerdito. Pero primero esperaré a que lo amamante su madre y después, lo envolveré en una mantita y lo pondré en un cajón de paja, para que no se haga daño en el transporte. ¡ Ah!, también se me había olvidado decirte que le tendrías que cambiar de nombre, pues ese nombre kilo es muy feo.

Natalia, sorprendida no se le ocurría qué nombre podría poner a su cerdita, pero ya se le ocurriría, no tenía por qué tener prisa, quizás le consultara a Maribel que había sido la única que la había defendido en clase cuando leyó su redacción.Nada más terminó la comida, corrió a casa de Maribel para comunicarle los nuevos acontecimientos sobre el nombre de su mascota. Maribel se sorprendió mucho al verla y pronto las niñas hablaron sobre el cambio de nombre del cerdito.
Comenzaron a pensar en nombres y a todos le encontraban inconvenientes; entre ellos se les ocurrió, Tino, Lino, Peto, etc. Hasta que pensando en su precioso color Natalia dijo ¡Franco, se llamará Franco!. Entusiasmadas comprendieron que era el nombre ideal para la mascota y pidieron permiso para estar toda la tarde juntas. José y Cecilia, que eran los padres de su amiga, no tuvieron inconveniente, siempre que primero hicieran los deberes del colegio. Maribel recogió la libreta, el estuche de colores, bolígrafos y el libro de ejercicios que la señorita Margarita les había mandado y se marcharon a casa de Natalia.Claudia, al ver llegar a su hija con su amiguita, le preguntó si deseaban merendar, pero las niñas prefirieron terminar los deberes y más tarde, merendarían e irían a estar junto al cerdito Franco. Se pusieron raudas a la tarea y en poco más de media hora habían acabado los ejercicios. Entonces repasaron la lección del libro, preguntándose la una a la otra, porque ya mismo tendrían un examen. Claudia, miraba satisfecha a su hija mientras estudiaba la lección con Maribel, e incorporándose de la silla donde arreglaba un vestido para Natalia, se dispuso a prepararles un bocadillo de carne de membrillo que había hecho ella misma con los membrillos que Pedro había traído de las huertas colindantes, y que habían quedado sin recoger tirados en el suelo; bien porque tenían algún golpe o por estar algo picados.
- Gracias, mamá, ¿podemos ir con el cerdito mientras merendamos?- Sí, pero no la molestéis si está comiendo, sólo cuando termine podréis cogerlo y jugar con el un rato.
Pasaron la tarde jugando con Franco, teniéndolo por turno en brazos, y observándolo, cada vez que inquieto, buscaba la teta de su madre para alimentarse. Cuando llegó la noche, Pedro y Natalia la acompañaron a su casa y se despidieron de ella.
La mañana del domingo amaneció nevando en todo el pueblo y sus alrededores eran paisajes cubiertos por un gélido manto blanco. Aquel día, quizás por el intenso frío, Natalia despertó más tarde que de costumbre y cuando miró por la ventana de su habitación, se le alegró el corazón pensando en la cantidad de juegos que podía hacer con la nieve, también pensó que quizás Franco tuviera tanto frío que pudiera morirse y sobresaltada por la idea, saltó de la cama y fue a la cocina donde sus padres ya estaban terminando su desayuno. Al verla tan angustiada le preguntaron qué le pasaba y la niña les dijo que aunque la nieve era lo que más le gustaba en el mundo, pensaba que podía ser perjudicial para su cerdito. El padre, comprendió la preocupación de la pequeña y le permitió traer a Franco a casa llevándolo con su madre cada vez que reclamara comida. De todas formas el padre consoló a Natalia diciéndole:- "Pocos son los animales que han muerto a causa de frío, pues su instinto de supervivencia les hace estar juntos ofreciéndose calor unos a otros."
Cuando amaneció el esperado lunes, todos los niños miraban al camino por donde Natalia llegaba todos los días al colegio para ver si la acompañaba su mascota, todos se decepcionaron cuando vieron que llevaba la cartera y los libros de siempre.
- Ya os dije que era todo una trola, dijo Julia a las hermanas Caballero que burlonamente rieron.
Natalia, aclaró que sería después de que el cerdito comiera cuando su padre traería al cerdito para que todos la vieran.
Pasaron todos a clase con gran alboroto. Entonces la profesora comenzó como cada mañana su lección por donde habían quedado el viernes anterior, sin hacer ninguna referencia al cerdito de Natalia. Y ya cuando todos daban por hecho que había sido una fantasía de la niña, sonó la puerta.
Desde el exterior, alguien golpeaba repetidas veces con los nudillos, hasta que la profesora fue a abrirla. Pedro, el padre de Natalia, un hombre delgado pero fuerte y alto, entró en la clase portando un carrito de madera, en el que se alcanzaba a ver mucha paja desordenada y una manta color gris. Todos los niños enmudecieron. Apenas si se escuchaba respirar…
Soy el padre de Natalia y os he traído para que conozcáis a su cerdito Franco. Margarita, indicó a Pedro que pusiera el carrito encima de la mesa. Natalia se levantó y fue sonriente hacia su padre y entonces apartó con mucho cuidado la paja y abrió la manta gris. Tomó entre sus brazos a Franco que estaba casi tan sorprendido como los niños al ver su increíble color azul.
Todos quedaron boquiabiertos e hipnotizados hasta que uno por uno comenzaron a pedir acercarse y acariciarlo. Margarita, la profesora, tan sorprendida como los niños, añadió: “debéis aprender a dar una oportunidad y no dudar de la palabra de nadie hasta que no se demuestre lo contrario”.
Padre e hija se echaron una mirada de complicidad y sonrieron satisfechos.Pasaron lentamente los días de frío invierno, y Franco iba creciendo. Claudia y Pedro, se acostumbraron, a ver de vez en cuando, aparecer a un amiguito del colegio de su hija, que con el pretexto de estudiar la lección, pasaba la tarde junto al cerdito. Así fue, como la pecosa Julia vino acompañada de su madre, y al ver la ilusión que a su hija le hacía estar junto a la mascota, regaló a Natalia, como compensación por tantas molestias, un vestido confeccionado por ella en distintos tonos de verde con el que nuestra amiguita parecía una princesa. Las hermanas Caballero, Carmen y Lucía, también visitaron su casa, llevando sus juguetes para poder jugar.
Aunque todo fue más fácil cuando llegaron los primeros días de primavera, con el campo exultante de colores y fragancias, flores y fresca hierba. Entonces, Natalia daba largos paseos con Franco, siempre acompañada por cuatro o cinco compañeros del colegio que alegres correteaban y jugaban hasta caer rendidos en el suelo.
Aprendieron a compartir todos los juguetes. El cómic de Pablo entusiasmó a todos, que se turnaban para leerlo por párrafos. Jugaron también con la muñeca de Paula, el carruaje de Carmen, una de las hermanas Caballero, que era la menos egoísta... Incluso le dieron nuevo destino al tirachinas de Ismael, haciéndole que apuntase a las bellotas, que en las encinas de los alrededores había, y que como sabéis, tanto gustan a los cerdos. Jorge, que era muy aplicado con los estudios y muy meticuloso ordenando sus cosas, añadió: mi padre dice que los cerdos son omnívoros, es decir que comen de todo, vegetales, frutas e incluso ¡carne! Todos quedaron extrañados y pensaron preguntarle a la profesora si en verdad existía esa palabra.
Y así, año tras año iban creciendo y trabando una entrañable amistad.Los padres de Natalia, que vivían de lo que cultivaban en el pequeño huerto y de los escasos animales que les hacían subsistir durante todo el año, pronto prosperaron ya que todos querían regalar a sus pequeños, un cerdito o cerdita azul. Franco fue padre de muchas crías (casualmente con una chanchita rosada, de un tono muy especial, llamada Natalia), de las cuales, alguna que otra, salía del mismo tono azulado que su padre. Aunque debéis saber que éste color se mantiene siempre que el cerdito se sienta feliz y bien tratado, pues alguna vez se ha dado el caso, de niños que no cuidaron ni trataron con cariño a sus mascotas y entristecieron volviéndose de color gris.
Si alguna vez viajáis por Cercedilla del Monte no os sorprendáis al ver pasear niños junto a tan singulares cerditos azules.